Primera Vigilia de Oración contra la Trata de Personas

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La esclavitud sigue existiendo. La trata es una realidad de hoy. Desde hace más de 20 años, el centro Albor de las Hermanas Oblatas de Valladolid acompaña y apoya a mujeres que viven inmersas o en contextos cercanos a la prostitución. Su experiencia confirma que el 90% de las mujeres está presionada de alguna manera. De ahí que la misión de esta congregación sea luchar contra esta actividad y contra la complicidad del silencio; acompañar a las mujeres que deciden abandonarla y sensibilizar a la sociedad. Las hermanas oblatas se han convertido en referente de la sección de Trata del Arzobispado de Valladolid, incluido en el Secretariado de Migraciones, y ellas convocan esta Vigilia de Oración el próximo 7 de febrero a las 21.15h. en la iglesia de los jesuitas con la participación del Coro Nueve y Cuarto. El 8 de febrero es la fecha elegida por el papa Francisco para celebrar la Jornada Mundial de la Oración y Reflexión contra la Trata de Personas, al tratarse del día dedicado a la memoria de santa Josefina Bakhita, religiosa sudanesa que de niña sufrió la dramática experiencia de la trata. Fue proclamada santa en el año 2000.

‘Juntos contra la trata’ es el lema de este año de la Jornada Mundial a la que también se suma la Compañía de Jesús. La iniciativa, instituida en 2015, fue propuesta por el papa Francisco para dar aliento a cuantos están comprometidos a ayudar a hombres, mujeres y niños esclavizados, explotados y abusados como instrumentos de trabajo o placer, y a menudo, torturados y mutilados. “Deseo”, decía el papa, “que cuantos tienen responsabilidades de gobierno tomen decisiones para remover las causas de esta vergonzosa plaga, plaga indigna de una sociedad civil. Que cada uno de nosotros se sienta comprometido a ser portavoz de estos hermanos y hermanas nuestros, humillados en su dignidad”. 

El equipo del Centro Albor -4 trabajadoras y 15 voluntarias- detecta indicios que delatan la trata de personas pero que no se verbalizan. Detrás de la prostitución hay fuertes cadenas que no se ven. Para acabar con ellas, lo primero sería no acudir a la prostitución: “Si no hay clientes, no hay prostitución”, reclama esta congregación, con 150 años de vida, y que todavía hoy, no se resigna al silencio frente a la explotación sexual. El silencio es señal de complicidad ante una realidad que se puede detener. Desde su sede de la calle Santuario atiende, acoge y apoya psicosocialmente a estas mujeres en riesgo de exclusión. El balance de 2018 refleja la visita de 220 mujeres al centro y el contacto con otras tantas en los espacios donde se desarrolla la actividad bajo el proyecto Lena. En total 441 mujeres atendidas y 7.720 intervenciones para la promoción, reinserción o el apoyo necesario para el abandono libre de la prostitución.

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