Presentan Más que salud, el libro con respuestas ignacianas ante el dolor

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Alberto Cano y Álvaro Lobo regresaron ayer a Valladolid para presentar su primer libro Más que salud. Acompañados del catedrático de Microbiología José María Eiros, que también participa en este trabajo, compartieron con ilusión y mucha gratitud el fruto de la colaboración de una veintena de participantes, amigos, y que ve la luz con la editorial del Grupo de Comunicación Loyola. Ellos se subieron al escenario de la Sala Borja –estaba prevista otra sala pero se quedó pequeña y tuvieron que trasladarse- pero entre el público también estaban otras autoras, Carmen Sánchez y Elisa Álvarez, las dos médicos, que compartieron también su visión y aportación de este libro.

Abrió el turno Álvaro, para explicar una primera clave necesaria para entender el libro porque  Más que salud es “más que un libro”. Es un “movimiento” fraguado en Valladolid, en el Centro Loyola, durante su etapa universitaria, él en Enfermería y Alberto en Medicina. Primeros años de estudios en que la mirada ignaciana a la enfermedad les caló. “La enfermedad  siempre ha estado vinculada a la vida de san Ignacio”; decía Álvaro. “De hecho se convirtió leyendo libros, pero se convirtió porque estaba enfermo”. Desearon compartir esta riqueza espiritual ignaciana y organizaron en Salamanca el primer encuentro de universitarios y jóvenes profesionales llamado Más que salud. Ya van cinco ediciones de este espacio de reflexión de vida y de fe traslada al día a día de su vocación por el que han pasado más de 200 jóvenes. La iniciativa se ha extendido a otros países. Así que este encuentro motivó el libro, y además, la difusión de una cultura del cuidado; la profundización en la vocación profesional y personal; en la búsqueda de la espiritualidad ignaciana en todo lo referente a la salud, que desde ‘Principio y Fundamento’, Ignacio de Loyola hace la invitación a ser felices, “seamos enfermos o sanos”. “La enfermedad nos rompe las defensas y nos hace centrarnos en lo importante y la espiritualidad ignaciana tiene que ver con poder dar una respuesta en medio del dolor”.

Cano habló del proceso de elaboración del libro. Fraguado en los encuentros y también en la rica experiencia del día a día. Se eligieron cinco verbos –cinco claves ignacianas- que están a la orden del día en el trato con los pacientes. Y sobre ellos escribieron después de hacerlos presentes en realidad en el hospital. “No es fácil escribir sobre ello, pero es iluminador”, decía. Al tenerlos presentes se comprobaba el poso de fe que los motivaba. “Lo que trata de transmitir el libro es una experiencia común muy común: en el deseo de ayudar y cuidar, especialmente a las personas que sufren la enfermedad, se juntan de forma natural lo más humano pero también lo más divino. En el deseo de entregar lo que uno tiene y lo que uno puede para ayudar al otro, desde lo profesional pero late de fondo la intuición más creyente de que la persona que tenemos delante tiene algo de sagrado y tiene algo de Dios”.

Las aportaciones siguieron de la mano de José María Eiros, quien expresó su gratitud por la oportunidad de compartir desde la fe lo que hace, que es «atender a los demás», a través de este movimiento de Más que salud. Reflexionó sobre la experiencia conmovedora de la muerte, sobre la enseñanza de san Ignacio ante la salud y la enfermedad, como experiencias igual de buenas para acercarnos a nuestra realidad y sobre el gozo de la gracia de una vida a la luz de la fe. “Estamos llamados a dar testimonio desde la vida con gestos pequeños: recuerdo un paciente con VIH al que cada mañana le daba un abrazo como dos hombres que se despiden”. Gestos que llegan al corazón como los que contaba Carmen y Elisa. Reflexiones que terminaron con la lectura del poema escrito por ella misma y con un fuerte aplauso de los asistentes:

 

Oración
Tu medida, Señor, es la de un latir sin medida.
Que seamos capaces de mirar
como Jesús hizo en tantas ocasiones,sin condenar, sin juzgar, con una mirada de cariño,
de acompañamiento.
Despojados de exigencias, de falsas promesas.
Con una mirada que no lleve cuenta del mal,
que reparta esperanza, pero no engañe.

Que sepamos mirar la vida
conmovidos y humildes.
Y que en nuestro mirar
reflejemos tu luz y tu mensaje.
Y nos pongamos en camino,
sabiéndonos heridos y pequeños,
aunque luchadores y confiados.
Capaces de amar heridas ajenas,

porque conocemos el amor de
quien ama las nuestras.
Ponerse en camino para curar,
amar y servir en todo lo que venga,
en la hora más hambrienta,
cuando no nos quede ni una reserva.
Aunque duela, aunque no sepa,
porque tu mirada nos cobija eterna,
en la entrega y en la tiniebla.

Elisa Álvarez Artero y Alba Romero Gangonells │
Latir sin medida

 

 

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