Orar con la hondura del padre Arrupe

Una exposición que toca el corazón: Óscar Romero, un hombre de Dios y del pueblo
2 febrero, 2019
La Ciencia, aventura y vocación
14 febrero, 2019

Con motivo de la apertura del proceso de beatificación de Pedro Arrupe, en este vídeo Nada es más práctico varios miembros de la comunidad ignaciana de Valladolid dan voz a los versos que reflejan el amor radical del jesuita a Dios. Una pasión de la que brota su amor y servicio al mundo. Versos que inspiran y han inspirado vidas creyentes que encontraron en el amar a Dios y al prójimo de Arrupe un modelo a seguir. El objetivo era orar en comunidad a través de sus mismas palabras por admiración, por su hondura, porque sorprenden y guían en la relación con Dios y con la humanidad. Entre los participantes se encuentra José Antonio García sj, Toño, editor del libro Orar con el Padre Arrupe (Mensajero 2013), una recopilación de oraciones, entre los que se encuentran estos versos, y otros textos “que si no son oración giran en torno a ella”.  Cuando se dirigía a la grabación comentó: “¿Sabes que es el único poema que no tiene verificada la autoría de Arrupe?”.

Su autor en realidad fue el poeta novel, Joseph P. Whelan SJ, (1932-1994) antiguo provincial de Maryland y asistente de Estados Unidos del padre general.  Un poema que salió de su puño y letra tras una charla con otros jesuitas en 1981,  como demuestra Fr. Barton T. Geger S.J. en su artículo Mitos, Citas erróneas y Conceptos erróneos acerca de San Ignacio de Loyola, en la revista científica Educación Superior Jesuita de 2016. Internet y las redes sociales, en cambio, se encargaron de difundir como obra del padre Arrupe. Y ahora, aunque su autoría queda ya anulada, todo el sentimiento que contiene sigue siendo luz de quienes se dejan guiar por él.

Para Toño, gran conocedor de la figura de Arrupe, otros dos textos del mismo libro expresan de manera magistral la pasión de Cristo en él de la que brota su amor y servicio al mundo: ¡Sed buenos! y Sentí a Dios tan cerca. El primero dedicado a sacerdotes en 1976 y que es expresión de la figura iluminadora de Arrupe, de gran pureza y belleza. Un texto que en sólo una ocasión se dirige al “sacerdote” y que se podría dirigir a cualquier creyente y se podría universalizar, dice Toño.  El segundo, Sentí a Dios tan cerca, refleja su vocación transformadora tras su peregrinación al Lourdes antes de entrar en la Compañía. Allí fue testigo de tres curaciones, hechos que lo transformaron:

 

SENTÍ A DIOS TAN CERCA…

Sentí a Dios tan cerca

en sus milagros

que me arrastró violentamente

detrás de sí.

Y lo vi tan cerca de los que sufren,

de los que lloran,

de los que naufragan

en esta vida de desamparo,

que se encendió en mí

el deseo ardiente de imitarle

en esta voluntaria proximidad

a los desechos del mundo,

que la sociedad desprecia,

porque ni siquiera sospecha

que hay un alma vibrando bajo tanto dolor.

 

 

(De su peregrinación al Lourdes, antes de entrar en la Compañía, donde fue testigo de tres
curaciones milagrosas).

X