Las fiestas de la Virgen, un tiempo mágico para los feriantes

Rodrigo Sanz Ocaña celebra sus primeros votos, «fruto del esfuerzo de muchos»
6 septiembre, 2016
Una vida en la Compañía
16 septiembre, 2016

Las atracciones con sus luces, las barracas, los puestos de comida, de churros y de algodón dulce. Todo alegría en el recinto ferial, como cada año, gracias al trabajo de muchos feriantes que se dedican a esto, a dar la vuelta a España llevando alegría. Es una vida muy sacrificada. Son familias enteras que van de allá para acá con sus remolques. Y en verano, que no hay cole, se llevan con ellos a los niños.

Pues es aquí donde surge una feria diferente. Durante esos días de trabajo intenso de sus tutores aparece una nueva aventura gracias a los voluntarios del Centro Loyola. Este año fue de piratas.

25 piratas procedentes de toda España con edades comprendidas entre los 3 y 14 años han transformado con su imaginación y habilidad un módulo prefabricado en un auténtico barco pirata. Así, con creatividad, una tarde de fiestas que podía ser aburrida se ha convertido en una auténtica aventura.

La vida vida en el barco ha sido fantástica. Una gran tripulación y un gran equipo han pilotado este barco, preparando los juegos y actividades para que todo fuera como una balsa. «Obviamente el mayor “gracias” va a los voluntarios que día a día han ido viniendo a este navío con la mejor de sus sonrisas para que los más pequeños se divirtieran».

Este barco ha zarpado de excursión a la piscina, ha jugado por la feria, ha salido a buscar tesoros e incluso ha atracado en la Isla Granja Las cortas de Blas, un lugar donde disfrutamos un montón. ¡Gracias por recibirnos!

Pero este barco ha zarpado y esperan regresar el próximo año para convertir en algo mágico sus días en la feria. Doy gracias un año más de poder formar parte de este campamento, al equipo de monitores y a todos los padres que confían en nosotros.

El año que viene más y mejor.

 

                                                                                                                                                                                                                                         Javier García Corona, voluntario del Centro Loyola

 

X