La Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, oración y llamada

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Emigrantes y refugiados estuvieron muy presentes en la misa del domingo 15, cuando la iglesia celebra la jornada mundial. Pero su realidad es noticia cada día. Sus necesidades y sus circunstancias van más allá de una simple fecha. Así desea trasladarlo Red Incola con la exposición ‘Familias completas e incompletas’ instalada en el hall de la iglesia del Corazón de Jesús. Fotografías, barcos de papel, cuerdas formando alambradas y telas azules representando el inmenso mar simbolizan la situación de millones de personas. Y en ese mar de símbolos, “flotan” oraciones que descubren la mirada creyente a esta realidad: “Pedimos por aquellas personas que se juegan su vida para vivir la nuestra”.  “Damos gracias por nuestras familias y por tener una vida estable”. “Pedimos por que puedan tener un futuro mejor”…

Y en ese mar de símbolos, quienes lo deseen pueden dejar su oración. Su mirada desde la fe a este difícil mundo: “Que haya amor entre nosotros para los que más lo necesitan”, reza un papelillo arrojado entre los barcos de papel. “Gracias a las personas que nos transmiten el día a día de los inmigrantes refugiados por ser su voz. Gracias”, escribe otro. “Abre nuestro corazón y nuestros oídos para aprender de los que abandonan su país”. “Pido al Señor por todas las personas que se ven obligadas a dejar su país”.

La voz de Eduardo Menchaca, coordinador de Red Incola, hizo presentes a quienes viven esa realidad en la misa de nueve y cuarto. Al finalizar, el poema de José María Rodríguez Olaizola, Alambradas, evocó la “humanidad nueva” que espera “ojos, gargantas y brazos abiertos”. Y hasta el 21 de enero, serán las oraciones espontáneas las que llenen este espacio como mensajeras de paz.

A cada lado de las alambradas
se ama y se sufre, se pelea el presente,
se vislumbra el futuro,
se imagina la vida mejor,
se cree, se reza, se blasfema y se duda.
A cada lado de las alambradas
hay buenas y malas personas,
hay corazones sensibles, que sueñan
con destinos remotos y con grandes logros.
A cada lado de las alambradas
hay recelo al pensar en el otro,
el de más allá, el distante, el distinto.
Cuando un hombre abandonó Babel,
temeroso de quien hablaba otra lengua,
tendió la primera alambrada.
La humanidad nueva,  al abrigo de Pentecostés,
está esperando que se nos abran los ojos,
la garganta y los brazos.

José María Rodríguez Olaizola sj

 

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