La jornada de Vida Consagrada invita a vivir la vocación religiosa con esperanza y no como residuo eclesial

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Testigos de la esperanza y la alegría, es el lema que dio sentido a la jornada de Vida Consagrada celebrada ayer. Un desafío que se levanta entre las dificultades que afronta la vida consagrada hoy. Penuria vocacional y envejecimiento, sacuden especialmente. Por eso, el papa Francisco apuntó en su carta apostólica a esa esperanza que no defrauda y que permitirá a la vida consagrada “seguir escribiendo una gran historia en el futuro”. Mensaje que inspiró la  homilía el cardenal arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, en la iglesia de los jesuitas. Allí la Confer de Valladolid, actualmente presidida por Luis Aparicio SJ, congregó en la celebración de esta jornada a religiosos y religiosas de la ciudad de distintas modalidades: apostólica, contemplativa, en institutos seglares y vírgenes consagradas. Una eucaristía convertida en encuentro, en oportunidad para el reconocimiento de los dones que inspiran cada vocación. Para hacer memoria de la historia. Para reavivar las motivaciones hondas. “No vivamos de las añoranzas de lo que hemos sido, sino de la esperanza”, apelaba el arzobispo en su homilía. “No significa que todo vaya bien, sino que hemos renacido por las posibilidades de nuestra vida y por nuestro encuentro con Jesús, fuente de alegría y esperanza”.

Consciente de los sentimientos que provoca la coyuntura actual de la vida consagrada, Blázquez pidió unión para hacerla frente. Invitó a reavivar la vocación y a continuar la imitación a Jesús en su pobreza, en su castidad y en su obediencia, compromisos que hacen posible la renovación de las comunidades y de la vida de cada religioso. No por ser un residuo de aquella historia de esplendor, sino como humilde resto de esperanza: “No es cuestión de números sino de autenticidad”, dijo. “Seamos resto”. La jornada de vida consagrada se inspiró en el evangelio de la presentación de Jesús para presentarse cada uno desde la gratitud y reconocimiento expresada por Blázquez y movidos por la esperanza y la alegría.

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