Fiesta de san Ignacio, una invitación a la seducción, la bondad y la totalidad

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30 julio, 2019

San Ignacio congregó ayer a la comunidad ignaciana de Valladolid. Encuentro para celebrar  todo lo recibido por quien hizo posible una vida desde Dios y para Dios. Una vida que, como la de tantos hombres y mujeres, fue ejemplo de la capacidad de hacer cosas muy humanas y a la vez divinas. La eucaristía fue presidida por Gérar Villa SJ. Le acompañaron Félix Revilla SI y Miguel Ángel Jiménez SJ y una decena de jesuitas de las comunidades de Valladolid. El Coro Nueve y Cuarto puso música a la oración que fue compartida por amigos y compañeros en el Señor que participan de la vida ignaciana en el Centro de Pastoral de Ruiz Hernández : CVX, grupos de Fe y Desarrollo, Centro Loyola, representantes de los colegios de San José y Cristo Rey, Grupo Comunicación Loyola… Una fiesta de comunidad que cada año congrega a más «ignacianos».

La imagen del fundador de la Compañía de Jesús preside la iglesia. Una presencia que recuerda la experiencia personal de Ignacio de Loyola y su divinidad. Gérar extrajo de las tres lecturas tres elementos que atraviesan su experiencia y conducen al santo a establecer lazos amor: seducción, bondad y totalidad. La lectura de Jeremías 20, 7-9 expresa la seducción por Dios hasta encontrarse con un fuego ardiente en su interior. Cuando bajamos nuestras barreras y defensas dejamos que entre Dios en nuestro corazón como le pasó a san Ignacio. “Su convalecencia hizo posible que fuera creciendo ese fuego interior”. La bondad y la belleza de la bondad e Ignacio busca la bondad de Dios en nosotros y le fascina cómo es capaz de transformar las vidas de las personas: “Cuando Dios conquista tu interior te lleva a conquistar al mundo pero con lazos de amor”. Una conquista diferente y que deseó que llegara a la política, a los refugiados, a los exiliados…

La seducción por la bondad y la incondicionalidad provocaron en Ignacio de Loyola la totalidad, anteponiendo a Dios por encima de todas las cosas para que siga creando. A él le transformó y él, a través de los Ejercicios Espirituales, invitó a esa transformación para seguir creando, para dejarse seducir y para ponerse a disposición de los demás y de Dios.

 

Tomad, Señor y recibid

toda mi libertad

mi memoria, mi entendimiento

y toda mi voluntad

Todo mi haber y mi poseer

vos me lo disteis

a vos Señor lo torno

Todo es vuestro

disponed a toda vuestra voluntad

Dadme vuestro amor y gracia

que ésta me basta

San Ignacio de Loyola

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