La cruz de Lampedusa, el símbolo del drama de la migración frente a la indiferencia

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La cruz desnunda de Lampedusa presidió la eucaristía de 21.15h de la iglesia de los jesuitas. Alzada en el altar, con su tono azul añil y su madera golpeada y herida, no era indiferente para nadie. Una mirada de desconcierto y una oración a sus pies, eran la muestra de su valiosa presencia. Al inicio, un vídeo mostraba al papa Francisco bendiciendo sus tablas, restos de pateras naufragadas en el Mediterráneo. Hoy, esta cruz recorre el mundo como símbolo itinerante del drama que viven los migrantes. Ha recalado en Valladolid esta semana y la comunidad creyente de Ruiz Hernández acogió la cruz, con todos los interrogantes que suscita y todas sus interpelaciones: “¿dónde está tu hermano?, leía Miguel Boronat al tiempo de la homilía. “La voz de su sangre grita hasta mi, dice Dios”. Emilia Arija continuaba compartiendo la reflexión a la luz de esta cruz y a la luz del Evangelio: “¿Acaso no queremos nosotros también lo mejor para los nuestros? Señor, abre nuestros ojos al mundo que nos rodea”.

La celebración enfrentó el compromiso hacia esos hermanos y hermanas que intentan salir de situaciones difíciles, a la “cultura de la indiferencia”, tan criticada por el papa Francisco. “Pedona señor nuestra indiferencia. Ignacio de Loyola, en los Ejercicios Espirtuales, nos invita a colocarnos delante de la cruz, levantar los ojos a ella y preguntarnos: ¿Qué puedo hacer por Cristo? Levantemos nuestra mirada, clavemos los ojos en la cruz de Lampedusa y dejemos que nos interpele la misma pregunta: ¿Qué puedo hacer yo por todas estas personas que arriesgan su vida para poder vivir?”. Roberto Otero finalizó la eucaristía al pie de la cruz. Devolviendo la pregunta. Interpelando e invitando al silencio para tener presente a quienes soportan esta cruz de la migración.

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