Fallece el hermano Terán, alma de la Sala Borja durante 40 años

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El hermano Terán, José Terán de la Cruz SJ, alma de la Sala Borja durante cerca de 40 años, ha fallecido hoy a los 89 años de edad en Villagarcía de Campos. Hace sólo seis años que una Sala Borja abarrotada de cientos de artistas agradecidos y de público fiel, le despedía con todos los honores. Entonces, con 83 años de edad, comenzaba una nueva vida en Villagarcía de Campos después de convertir la Sala Borja en ese espacio cultural accesible a principiantes y consolidados artistas  y en el espejo del movimiento cultural latente en Valladolid. Abrió las puertas a grupos teatrales y a músicos con y sin experiencia. De esta manera Terán se convirtió en referente para el teatro aficionado, para promotores musicales, para casas regionales, para la Agrupación Lírica Vallisoletana, para Amigos del Teatro y para quienes creían en el arte escénico. Inaugurada en 1973, el servicio del hermano Terán fue vital. Gestión, mantenimiento, organización…su plena dedicación fue reconocida por las generaciones que crecieron en su patio de butacas o entre las bambalinas de su escenario.

Para Terán la Sala Borja era como su gran criatura a la vio nacer y crecer entre aplausos y ciclos culturales. Fue testigo de su renacer con gozo cuando en abril de 2015 reabría sus puertas tras una reforma integral. Nunca se despidió de ella y siguió sus pasos, sus éxitos y fracasos con el interés propio de un padre. En numerosas escapadas a la capital se reencontraba con ella y con quienes recibieron de él su atención. Mañana a las 12, en la capilla de la Comunidad San Luis, Villagarcía de Campos, se celebrará una eucaristía de acción de gracias por todo lo que Terán entregó a lo largo de su vida, 72 de ellos al servicio de la misión de la Compañía de Jesús. Nació en la localidad palentina de Revenga de Campos, en mayo de 1921. Con 17 años de edad, ingresó en la orden jesuita como hermano. Vivió en Salamanca, donde cursó el noviciado, en Comillas, La Guardia, León, Gijón, Logroño, Palencia y Miranda de Ebro. En 1970 fue destinado a Valladolid, la residencia de Ruiz Hernández, donde recibió el encargo de gestionar, mantener y dar vida a la Sala Borja.  Ese ha sido su gran servicio del que muchos se sienten agradecidos y que hoy recuerdan con cariño. Descanse en paz. AMDG

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