Cristo Rey, una fiesta que anuncia un reinado para el que preparan los maestros

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El Instituto Politécnico Cristo Rey celebró su festividad con la presencia del obispo auxiliar de Valladolid, Luis Argüello, quien presidió la eucaristía. Un día señalado que reúne al claustro del centro para compartir misa y mesa con motivo de su patrón, el Cristo Rey que da nombre a la institución. Fiesta especial para la que el obispo dedicó también palabras especiales. Principalmente, ahondó en la esencia de la Educación, del «ministerio de la educación», desde el significado del Cristo Rey, humilde, de corona de espinas, pero que alienta la esperanza de un reino para el desde la docencia también se prepara el camino: en los corazones y en las mentes. “Nos sirve de referencia la cruz, esa señal de los cristianos, su gesto y sus palabras que aprendimos tantos de pequeños”, anunciaba. Y así, paralelamente, Argüello desgranó el sentido profundo que ensancha el horizonte educativo.

Recordó la convocatoria del papa Francisco de un pacto educativo global y de un encuentro para mayo próximo, un acontecimiento que ha brindado a la iglesia tres puntos de luz sobre los que Argüello incidió: “Poner a la persona en el centro con el subrayado de su dignidad y de su potencialidad. Sumar esfuerzos para que todos los recursos heredados y toda la potencia de la creatividad sirvan para que las personas que están en el centro puedan vivir los desafíos del tiempo global, de la revolución digital y del desafío transhumanista. Y como tercera fuente de luz, hacer posible que todo lo que se pone a disposición de la persona en el centro le ayude a descentrarse, a amar y a servir”. Precisamente, en este descentrarse, Argüello destacó la labor educativa como guía para descifrar la existencia como servicio. “En descubrir que la vida es una respuesta a una llamada y que la dignidad consiste en caer en la cuenta de que somos Amor. Y para responder a esta llamada del amor es imprescindible la libertad”.

Pidió que desde la educación se trabaje en la humildad, para “pelear” por el significado que los escolares den a la relación con las cosas y los bienes; a la relación con la Casa Común y a las pretensiones del éxito profesional. “La expectativa de las familias y los deseos de los chavales, cómo ayudar en este combate para que Cristo reine en una liberación de la codicia de las cosas y a una sanación de la ambición de los honores y de los afectos posesivos”, alentó. Por último, pidió maestros que ayuden a crecer, a ser más y a considerar su valor de servicio. “Una comunidad educativa cuyo nombre proclama el reinado sorprendente porque primero es en el corazón, para que lo pueda ser en las manos y lo pueda ser en la sociedad, en la economía,en la política, en la tierra y en el hogar común y compartido”.

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