Chércoles compartirá la esencia de las Bienaventuranzas un lunes al mes hasta junio

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Exprimidas como el jugo de un limón, las Bienaventuranzas son para Adolfo Chércoles sj, algo más que parte de su vida. Después de 37 años compartiendo las reflexiones extraídas una y otra vez, su néctar ha calado en el día a día y ahora son parte de la realidad. Son cotidianidad. Son lo profundo que cada persona lleva dentro sin saberlo. Son el horizonte recuperador hacia donde caminar. Son las respuestas complejas a las complejidades de la vida. Son el corazón del evangelio. Chércoles sigue ofreciendo infinitas definiciones como si cada vez que da una tanda de ocho sesiones, una por cada bienaventuranza, fuera otro estrujón del que sigue saliendo jugo. Y a cada uno le vierte el poso que deja sobre  quienes han tenido la suerte de beber de sus reflexiones. “Sirven a todo el mundo”, afirma después de comprobar en la variedad de los grupos a los que ha guiado. Creyentes o no creyentes, mujeres y hombres, mayores y jóvenes, extraen de ellas la sabrosa esencia que cala en lo profundo de cada ser humano. Sin exclusión. “Siempre aprendo”.

Ayer Chércoles inició su proceso en Valladolid, en la Sala Borja, convocado por Fe y Desarrollo. Una primera jornada introductoria para anticipar en lo que se convertirán los próximos ocho lunes –uno de cada mes desde noviembre hasta junio- . Una participación jalonada de sabrosas anécdotas y ejemplos concretos que anticiparon las sesiones futuras: “cachitos de vida” contenidos en cada una de las bienaventuranzas. A partir de ahí interpelará desde las dos preguntas a las que invita el Evangelio: ¿qué te parece? y ¿quieres? Chércoles dice que la respuesta la ofrece de cada uno con inteligencia y con libertad. Con todo, su mayor recompensa sería que quien reciba su fórmula magistral encuentre la medicina para prevenir el peor pecado «inventado»  por el papa Francisco: «el habriaqueísmo». «Habría que, habría que…No. Yo tengo que agarrar la realidad, este cachito de realidad que no sé que hacer con él, y tengo que pensar qué tengo que hacer. No «habría que»…porque nos escapamos de la realidad y buscamos un culpable», explica Chércoles. «¿Y tú qué haces nada más que amargar a todo el mundo? Pues vete por ahí».  Directo y sin pelos en la lengua, Chércoles invita a absorber ese jugo de las Bienaventuranzas para encaminar sin remilgos desde el Evangelio la vida concreta y cotidiana.

 

Próximas sesiones, lunes, 19h. previa inscripción:

  • 14 de noviembre
  • 12 de diciembre
  • 23 de enero
  • 13 de febrero
  • 13 de marzo
  • 3 de abril
  • 29 de mayo
  • 19 de junio
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