Bailar con la soledad, charla y libro de la experiencia universal en un mundo híper-conectado

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Una acogida enorme a las reflexiones y al libro Bailar con la soledad, de José María Rodríguez Olaizola SJ en Valladolid. «Todos somos  islas, de alguna manera», decía en la Sala Borja llena de gente, sentada incluso por los pasillos y en el escenario. Y comenzó esa charla que ha impartido en otras ciudades de España y de Latinoamérica y que ha ido nutriendo de historias compartidas y reales. Habló de la soledad en cada una de las vidas, como experiencia que llega a todos los hombres y mujeres en todas las edades. Habló del concepto universal del que nadie habla porque es sinónimo de fracaso. Y en cambio, está de plena actualidad originando incluso un ministerio en el Reino Unido. Por eso, Olaizola va más allá. Busca motivos e ilumina las distintas maneras de presentarse:  unas, de manera hiriente, y otras, asumida libremente , «incluso buscada». Y describe la soledad de hoy como paradoja de un mundo híper-conectado. Un mundo de conexiones virtuales que crea vínculos humanos cuestionables. Y desde esa realidad, descubre las músicas, muchas evangélicas, que permiten bailar con la soledad. De dar sentido y horizonte. «Para no dejarse vencer cuando no es querida».

Escribe en el libro que lo único que le gustaría es compartir una reflexión y «ayudar a que tú, que lees estas páginas, la continúes, la enriquezcas, la puntualices o la completes con tu propia memoria, tus experiencias y tu recorrido. Seas joven o mayor, seguro que te encuentras reflejado en algún momento en estas vivencias. Ojalá ayuden a poner música –que es sentido y horizonte–. En la soledad. Y en la vida”. Y si la charla guía por la soledad de cada vida, el final invita al encuentro desde la diferencia. Se sirvió de la imagen de la frontera, como lugar de separación y también de encuentro: «Donde acaba el ruido y empieza la soledad, allí, justo allí, tu Palabra protegiéndome».

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