¡Nos vamos de Ecopascua! Y diréis, eso… ¿qué es? Y cómo decírselo a tu familia, a tus amigos… al principio casi no sabíamos qué decir nosotros.  Vivir la Pascua en una granja-escuela, rodeados de gallinas negras, ovejas, cachorros de mastín, con la amenaza del hambre de los lobos castellanos merodeando por los Torozos, es algo que suena diferente, ¿no?

Las Cortas de Blas, un proyecto en armonía con la Creación, donde personas y animales pueden convivir al ritmo de la vida que nace todos los días. Un lugar de encuentro para sentirnos co-creadores y responsables de la Naturaleza y de todas sus criaturas, para educar a los hijos y compartir búsquedas y anhelos de Dios.

La generosidad y acogida de Pady Miranda y las familias que allí trabajan han hecho posible que 80 personas de Valladolid, Madrid y Bilbao, nos hayamos reunido allí para compartir la vida y la oración, el alimento y la reflexión, el canto, las risas y la esperanza de experimentar de nuevo a Jesús Resucitado.

Al ritmo de la encíclica Laudato sí, el equipo preparador formado por Félix, Pady, Elena y José Ignacio, nos fueron guiando para vivir juntos la pasión y muerte de Jesús en una cruz donde íbamos posando gestos sencillos, queriendo hacer presentes los dolores del mundo; el vacío del desierto compartido en un paseo campestre camino de la Santa Espina, como preámbulo a una noche fría de luna blanca donde el fuego y el agua serían el anuncio de un nuevo despertar.

Adultos, familias con niños de distintas edades, adolescentes alegres y bien dispuestos a participar y ayudar en lo que hiciera falta, nos hemos preguntado cómo seguir viviendo nuestra fe en un mundo que pone en riesgo su futuro, un mundo que es cuerpo de Dios, nuestro lugar de encuentro con Él y donde establece su Alianza con nosotros en Jesús.

Nos hemos sentido necesitados de una profunda conversión ecológica, para poder ser salvados junto con el resto de la Creación, y hemos vuelto a casa con retos sencillos pero trascendentales: impregnar de gratitud y gratuidad los gestos cotidianos; recuperar la creatividad y el entusiasmo para resolver los problemas del mundo; y tejer redes con otros donde las acciones personales son compartidas y acompañadas en comunidades que perseveran y permanecen en el tiempo y son capaces de mostrar nuevos brotes de vida y resurrección.

Estamos todas y todos invitados. ¡Feliz Pascua!

 

Eva San Martín Arnao y Teresa Casillas Fiori, de Madrid