Cada mañana, la oración de Pruden introducía el Triduo Pascual desde dentro. Jueves, Viernes y Sábado Santo, la comunidad de la iglesia del Corazón de Jesús comenzaba el día desde lo nuclear seguido de las reflexiones de José Francisco Yuraszeck. Plegarias que también compartían con otras palabras los jóvenes universitarios que vivían la Pascua Urbana en el CAPA, INEA, guiados por Gérar. Oraciones que marcaban el ritmo entre las familias que participaban en la Ecopascua, en Las Cortas de Blas, guiados por Félix Revilla y José Ignacio García. Una misma Pascua contemplada y vivida desde distintas realidades y  sensibilidades. Gestos dirigidos al Dios del Amor. Fe compartida en tres lugares distintos que florece en Pascua.

¡Días tremendos en el corazón de una madre! Si los apóstoles –ciegos y obtusos como eran- percibieron la tristeza que ahogaba al alma de Jesús ¡cuánto más lo entendería María! Llevaba, en realidad, 30 años esperando  -temiendo- esta hora. Ya el misterioso origen de aquel hijo redescubrió que estaba ante un destino vertiginoso, insoñable en un ser humano. ¡Un suceso así es como para llenar de temblores toda una vida!

 

El Sábado Santo José Francisco Yuraszeck tomó la palabra después de esta oración. El Jesús vulnerable en el que se adentró en sus charlas interpeló y provocó interrogantes. “Vamos a compartir entre nosotros los frutos obtenidos de las anteriores”, indicó. Y bajó a los bancos. Y habló con los asistentes como así hicieron los demás, para prepararse a la nueva sesión: “Quien mire comprenderá”. Toda una reflexión que día a día estuvo marcada por una banda sonora, la canción de Cristóbal Fones, Canción al corazón de Jesús. “Quiero hablar de un Amor infinito”. El Jesús vulnerable silenciaba el templo de Ruiz Hernández y abría espacio a la contemplación. El bullicio en la iglesia del Corazón de Jesús se volvía a sentir en el momento de los oficios generosamente preparados por los jóvenes de la Pascua Urbana. Siempre quedan las reflexiones de Yraszeck en este documento.

El Jueves Santo, “siento que llega la hora”,  también el gesto del lavatorio de los pies se celebró con la participación de los asistentes a los oficios. Junto al altar, los universitarios cumplieron con los voluntarios el humilde acto que sella el perdón y el amor incondicional que Jesús brinda a todos los hombres. “Todos estamos invitados a la inmensa mesa de la Última Cena”. La banda sonora de los oficios la interpreta fielmente el Coro de Nueve y Cuarto. Música y letra que es Vida y Palabra. Los versos de Pedro Casaldáliga recordaban la música que lleva el coro dentro desde hace mucho tiempo: Mi cuerpo es comida

      

 

Viernes Santo, “sólo hablaré con mi cuerpo”, brindó el gesto del beso en la cruz. Contemplación que sacude el interior y desnuda la fe. La noche del Sábado, en la Vigilia Pascual, la oscuridad dio paso a la luz de las velas. El fuego que hace que la noche de paso a la vida. Una iglesia llena de gente que comparte la llama y el aleluya de la resurrección. “Quien mire comprenderá”.

 

Noche de paso a la vida

Noche de luz y alegría

 

¡Aleluya! ¡Aleluya!

¡Aleluya! ¡Aleluya!

 

 

 

 

 

 

La Ecopascua pivotó en torno al cuidado de la creación en varios niveles, según la edad del creyente en busca de la conversión ecológica. Salir del pragmatismo y de la pasividad para encaminarse hacia esa vocación de protección de la obra de Dios. Una oración entregada a descubrir desde la Laudato si’ numerosas referencias a gestos de la vida cotidiana que se presentan como prácticas virtuosas. Creatividad, juego, contemplación y oración. La noche del Sábado Santo el fuego ardía en la intemperie, donde compartieron mucho tiempo de encuentro con la Naturaleza y con Dios. Unos días entre el cielo y la tierra descubriendo sus dones y rezando por mostrar gratitud y el amor merecido. Pequeños y adultos en la misma mesa compartida. La banda sonora estaba en manos de Margarita Balsa, su hijo Héctor Ares, y Elena López guitarra en mano.

 

 

Aleluya de la tierra (Brotes de Olivo)

 

¿Quién quiere resucitar a este mundo que se muere?

¿Quién cantará el aleluya de la nueva luz que viene?

¿Quién cuando mire la tierra y las tragedias observe

sentirá en su corazón el dolor de quien se muere?

¿Quién es capaz de salvar a este mundo decadente,

y mantiene la esperanza de los muchos que la pierden?

 

El que sufre, mata y muere,

desespera y enloquece,

y otros son espectadores, no lo sienten (bis).

 

¿Quién bajará de la cruz a tanto Cristo sufriente

mientras los hombres miramos impasivos e indolentes?

¿Quién grita desde el silencio de un ser que a su Dios retiene,

porque se hace palabra que sin hablar se la entiende?

¿Quién se torna en aleluya porque traduce la muerte,

como el trigo que se pudre y de uno cientos vienen?

 

Aleluya cantará

quién perdió la esperanza,

y la tierra sonreirá, ¡Aleluya! (bis).