El jesuita chileno José Francisco Yuraszeck, que se encuentra en Salamanca en la Tercera Probación, reflexionará en el Triduo Pascual sobre el ‘Jesús vulnerable’. El libro de Jean Vanier del mismo título y sus experiencias personales de los últimos años inspiran sus pensamientos sobre el misterio de la vulnerabilidad de Jesús. “Estamos todos llamados a acoger nuestras propias vulnerabilidades, las de quienes viven a nuestro alrededor y las de nuestro mundo”, explica. “Y a cuidar unos de otros, ofreciendo la vida como lo hizo Jesús a lo largo de su vida”.

Pistas para caminar estos días en la iglesia del Corazón de Jesús a las 11.00h.

Jueves Santo

En el cuarto evangelio, en el lugar de la cena, no se habla ni de pan, ni de vino, ni de cordero, sino de este gesto precioso de Jesús: el lavado de los pies a sus discípulos (Jn 13). Hay otros gestos preciosos que lo anteceden. En particular en el capítulo 12 de Juan se nos habla de la unción en Betania. Tras la resurrección de Lázaro, Jesús vuelve varias veces a Betania a estar con su amigo y sus hermanas Marta y María. En la antesala de la entrada a Jerusalén que celebramos el domingo de Ramos se relata un gesto precioso de amor de parte de María: lo unge con aceite y perfume. Es un gesto similar al que se hacía cuando se preparaba un cadáver para su sepultura. Las mujeres van al sepulcro el domingo de mañana con esa misma intención. María, de Betania, se anticipa. El gesto no le gusta a Judas por lo caro del perfume. También se ungía antaño a los reyes, de ahí le viene a Jesús el nombre de Cristo, ungido, Mesía. Es el rey que hará su entrada ‘triunfal’ en Jerusalén. Se le llama triunfal por las aclamaciones que recibe, con palmas y cantos. ¡¡Hossana al hijo de David!! Pero de ‘triunfal’ no tiene nada. Es pura vulnerabilidad: montado en un burro, aclamado por quienes por distintas razones están en las afueras de la ciudad, seguramente algunos leprosos que tienen prohibido entrar a ella. Es un rey que entra ‘triunfalmente’ para anunciar la paz en la ciudad de la paz, un rey que no ha librado más batalla que contra las tentaciones del demonio, que resumen de muy buena forma la multiplicidad de tentaciones que nos acomenten también a nosotros en nuestros días.

 

Viernes Santo

La vulnerabilidad de Jesús, Dios y hombre, desde el momento de la encarnación hasta la muerte en cruz. Participa Jesús totalmente de nuestra común vulnerabilidad, por más que busquemos distintos modos de ‘asegurarnos’, de ‘salvarnos’: verdad ineludible que a todos nos toca, nacemos desnudos y plenamente necesitados de cuidado, de lo contrario no podemos vivir por mucho tiempo. Otra verdad ineludible: vamos a morir, somos polvo recordábamos al comenzar la cuaresma en el miércoles de ceniza.

En los Ejercicios Espirituales San Ignacio de Loyola conecta el nacimiento de Jesús con su muerte en cruz, una cosa va llevando a la otra… matanza de los inocentes, un niño en pañales en un pesebre es amenaza para el rey… la libertad de sabernos hijos de Dios, amados profundamente e incondicionalmente, servidores de su Reino/Reinado, nos hace una amenaza para todo quien detenta algún poder que usa injustamente. Hay aquí una conflictividad evidente.

 

Sábado Santo

En la tradición de la Iglesia en este día se medita el descenso de Jesús a los infiernos: va al rescate de Adán y de Eva, y en ellos de toda la humanidad caída- vulnerable.

Como no nos reuniremos el domingo por la mañana, en este día también contemplaremos la vulnerabilidad de las primeras testigos de la resurrección, y como es desde ese testimonio que brota la vida de la Iglesia que quiere seguir siendo fiel a la misión dada por Jesús, en el contexto de hoy.