El mes de comunidades del periodo de formación como novicio de Alejandro es una oportunidad aprovechada como testimonio de una vocación. Llega la reunión de grupos del colegio Cristo Rey de cada lunes y reciben la visita del joven jesuita. Preguntas que ponen en un compromiso y respuestas que llegan al corazón: Qué es lo más importante para él de los jesuitas. A qué ha tenido que renunciar. Si cree en la teoría de la evolución. Cuántas veces reza. Si le gusta ayudar a los demás: “¿Tienes móvil? ¿Qué haces en el tiempo libre?”
Los cerca de treinta alumnos han escuchado atentos las respuestas de Alejandro, invitándole al final a volver siempre que quiera al colegio.
Ya hace días, en la Semana Ignaciana, Alejandro estuvo primero en las clases de Primaria con los niños de 4º intercambiando otras inquietudes diferentes, aunque igual de interesantes y profundas, desde su tierna mirada. Los encandiló con sus historias, que hasta los más guerreros escuchaban con los ojos y los oídos bien abiertos. Al final, curiosamente, le pedían autógrafos como si sus ídolos futbolísticos hubieran sido sustituidos en un instante por un joven novicio que, con cariño y simpatía, les había hablado de Dios, de Jesús, de san Ignacio y de lo que significa “seguir e imitar a Jesús”.