Música y encuentro. Dos razones para que 20 universitarios hayan participado este sábado en el Taller de Coro de Valladolid. Trabajar la voz, practicar la percusión, ensayar canciones nuevas para la Cuaresma y para la Pascua. Todo en buena compañía, de amigos en la fe. Y todo también en beneficio del repertorio que suena cada domingo en la misa de nueve y cuarto. Amistad y técnica que dotan a las canciones de ese sentido que inspira y transmite. Composiciones que dan la bienvenida, cantan la alegría del salmo, invitan a la paz y se despiden con un ‘contigo voy’. La música ha sido la protagonista como arte y como compromiso. “Ser conscientes de que nos sirve para contar cosas. Para hacer cosas diferentes desde la música”, decía Emilia Arija, coordinadora del encuentro junto con Gerar Villar SJ y Álex Martín. “Compartimos un don desde el que es posible evangelizar y dar sentido a muchas cosas”.

En un contexto lejano al ruido, en el CAPA de INEA, los músicos recibieron el testimonio de Manu Escudero, compositor y educador. De él recibieron directrices para componer. Trucos que le dan a él alas para dar forma a las letras y las músicas que le rondan. Un taller rico de sonidos y también de experiencias. Porque compartió su vocación y canciones de su nuevo disco “Caminando”. Habló de todo lo que hay por aprender y de todo lo aprendido. Del valor del coro desde su papel de transmisor y del cariño puesto en esa entrega. Una jornada de intercambio que terminó en la capilla de San Ignacio de Ruiz Hernández con el concierto oración que le dio sentido al día: tres canciones suyas se suman al repertorio y un encuentro para no olvidar que detrás de todo hay más que música.