La vocación convocó a religiosos y religiosas de la diócesis de Valladolid en la iglesia del Corazón de Jesús el pasado viernes. Era la fiesta litúrgica de la presentación del niño Jesús, 40 días después de su nacimiento,  día en que se celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Vocación, misión y vida reunió a sacerdotes, religiosos y miembros de las congregaciones de Valladolid con vocación de servicio a la iglesia y al Evangelio. Presidió la eucaristía el cardenal arzobispo Ricardo Blázquez. La llamó la fiesta de la luz, porque es una celebración para renovar la luz interior. El gesto de encender velas allí, en la iglesia de los jesuitas, representó ese deseo de seguir recibiendo esa luz que “nos invita, iluminándonos, a recorrer el camino de la vida ilusionados por el Señor”.

Habló de una fiesta que se siente dentro, en el corazón. De una celebración que renueva la luz. De un encuentro que habla de esperanza. Y la homilía fue un tiempo de invitación a volver al amor primero y de felicitación por las tareas apostólicas desarrolladas en la iglesia de Valladolid: “Nuestra diócesis sería inmensamente más pobre sin vuestra presencia y vuestra colaboración. Por lo que vais haciendo, por lo que esperáis y por lo que celebramos”.

“Nuestra alegría contagiosa tiene que ser el primer testimonio de la cercanía y del amor de Dios. Somos verdaderos dispensadores de la gracia de Dios cuando trasparentamos la alegría del encuentro con Él”.  Papa Francisco