El Papa Francisco ha autorizado la publicación del milagro atribuido a la intercesión de Tiburcio Arnaiz, SJ (1865-1926): la curación inexplicable de una persona. Un paso previo para anunciar su beatificación en Málaga el próximo año 2018.  Para muchos que han seguido este proceso supone una gran alegría por cuanto que eleva a los altares a un hombre comprometido con los campesinos, con los pobres y con los enfermos. Su entrega radical,  a pesar de su frágil salud a partir de 1920, hace que su memoria siga viva y sea recordado con gratitud.

El P. Tiburcio  Arnaiz  Muñoz nació en Valladolid el  11 de agosto de 1865. Se ordenó sacerdote de esa diócesis el 20 de abril de 1.890. Durante tres años desempeñó el cargo de párroco en el pueblo de Villanueva de Duero y más tarde en la parroquia de Poyales del Hoyo de Ávila. Se doctoró en Teología en la diócesis de Toledo en 1896. La muerte de su madre le lleva a plantearse, junto con su hermana Gregoria, la opción de hacerse jesuita. Así, a la vez que ella ingresaba en el Convento de las Dominicas, donde Tiburcio había sido sacristán mientras estudiaba en el seminario, él ingresaba en el noviciado de Granada de la Compañía de Jesús el 30 de marzo de 1.902. Después de los dos años de noviciado perfeccionó sus estudios de Filosofía y Teología y comenzó a dar Ejercicios Espirituales a sacerdotes e inició alguna misión popular por los pueblos cercanos a Granada. En 1911 hizo en Loyola lo que los Jesuitas llaman la Tercera Probación (un semestre centrado en la oración y en el estudio de las Constituciones de la Compañía antes de hacer los últimos votos en ella) y en 1912 llega a Málaga donde estaría destinado 14 años consecutivos (con la excepción del año 1916-1917 que residió en Cádiz).

Allí primeramente fue muy conocido por su sólida dirección espiritual y por el fomento de la devoción al Corazón de Jesús. También visitaba a los enfermos del hospital y a los presos de la cárcel e impartía Ejercicios espirituales. Pero sus dos trabajos apostólicos más conocidos fueron la labor en los “Corralones” y las “doctrinas rurales”. Los corralones eran casas de vecinos de peculiar estructura, habitadas por gente muy pobre y situadas en la periferia de la cuidad. En los corralones establecía una pequeña escuela, llamada miga, dirigida por una maestra que enseñaba las primeras nociones de lectoescritura y matemáticas junto con el catecismo. Pero el P. Arnaiz quería llegar también a las aldeas y cortijos adonde no llegaba nadie y donde había muchas carencias culturales y no había llegado la predicación de la fe. Eran lo que se llamaron las “Doctrinas rurales” y que hoy continúan al frente de un grupo de mujeres.

El P. Arnaiz falleció en Málaga el 18 de julio de 1926 y sigue siendo venerado en la ciudad. Allí se levantó una escultura en su honor en reconocimiento de su compromiso por los pobres y desfavorecidos. Una figura destacdada por su honda convicción personal con la que se volcó con los “campesinos, enfermos y pobres”. De sus acciones en beneficio de las zonas rurales, pueblos y comarcas nació la Obra de las Doctrinas Rurales. Las Misioneras de las Doctrinas Rurales definen a su fundador como un misionero que sigue los pasos de su principal modelo san Francisco Javier. Entre otras labores, alquilaba una de las habitaciones del “corralón” –casa grande habitual en el Málaga de finales del siglo XIX y principios del XX donde vivían los vecinos en habitaciones compartiendo cocina y baño-  y la convertía en una pequeña escuela –él la llamaba“miga”-. Allí enseñaba a los pobres a leer, escribir y hacer cuentas.