“Adviento es el tiempo que se nos da para acoger al Señor que viene a nuestro encuentro”. Acoger este tiempo es mirar deseos y futuro y también las heridas. Vicente Aznar SJ ha compartido sus reflexiones para dar sentido a los días de reconciliación que se han celebrado en la iglesia de los jesuitas. Habló del pecado como herida. Herida propia, el daño causado al prójimo y al amor de Dios. Una herida que sana desde un “aprender a mirarme como me mira Dios”. Las palabras previas a la confesión fueron para guiar en esa mirada: “Ocuparnos de los demás. Salir de la indiferencia y de la crueldad. Procurar la vida fácil y cuidar de lo que se dice y cómo se dice”…. Una reflexión encaminada a inspeccionar desde dentro aquello que puede ayudar a crecer en el amor: mirar actitudes que hacen infelices; reconocer el daño que nos hacen y el que hacemos; desear vivir de otra manera y pedirle que ayude a vivir sueños.

Hablaba de este tiempo de Adviento como el tiempo de mirar, de escuchar, de abrir caminos de alegría y esperanza. “Vivir desde la acogida, la alegría y el agradecimiento. Acoger y optar. Decir que sí”.  Esta voz del sí dio paso a la expresión comunitaria de las renuncias. Renuncia a creerse superior a los demás, a vivir en el abuso, en la violencia, en la intolerancia, en la discriminación racial, en el cinismo…a inhibirse ante las injusticias del mundo, lejanas y cercanas, por cobardía, pereza, comodidad o ventaja personal. La renuncia a la envida, al odio, a la pereza, ala cobardía, a la tristeza, a la desconfianza, a la falta de fe, de esperanza y de amor….el Sí creo por la confianza en el perdón y en el abrazo que sana heridas.