La adopción les une. De la teoría a la práctica, cada uno desde una posición pero con un mismo interés: el adolescente y joven adoptado. Ella, Elena Santos, como madre. Está preocupada por la educación de sus hijos biológicos y adoptados, todos van a Cristo Rey. Él, el psicólogo Félix Loizaga, le preocupa como terapeuta. Por servir de apoyo a las familias y por recoger en sus estudios y libros todo aquello que sirva para mejorar. De hecho,  acaba de publicar el último libro con Mensajero, del Grupo de Comunicación Loyola: La adopción en la adolescencia y juventud. Y los dos, movidos por esa preocupación, han coincidido este fin de semana en el congreso Educación, adopción, acogimiento: Nuevas estrategias para una escuela inclusiva, celebrado en Valladolid.

Loizaga trazó el perfil de los escolares adolescentes adoptados entre 12-14 años de edad. Comenta que después del boom de adopciones en el año 2000, aquellos niños y niñas pequeños son hoy adolescentes y jóvenes. Una nueva etapa con sus propios problemas que hay que abordar. Habló de su grado de adaptación en proporción a la seguridad de los vínculos establecidos. De la variable racial para comprender los resultados en la escuela. De la autoestima y otros  componentes que tanto le determinan para ser víctima, o no, de bullying. De su grado de satisfacción, “más elevado que los no adoptados”, dice, “especialmente en los de origen asiático y latinoamericano, frente a los escolares de origen de los países del este y españoles”. Su estudio se basa en una encuesta a 150 adolescentes adoptados, aunque la investigación continúa. Sus resultados y sus aportaciones enriquecieron el panorama a las madres y padres allí reunidos. El psicólogo hablaba del esfuerzo cultural de los hijos adoptados, de su adaptación a una sociedad diferente en costumbres, lengua, alimentación…..y la inquietud por los padres que hace que en la mayoría de las ocasiones se proteja en exceso.

Cariño y respeto son ingredientes sobre los que se configura esa educación deseable, entre los límites y la autoridad bien marcada. Así lo planteaba Loizaga. Lo corroboraba Elena después de varios años en el colegio de Cristo Rey. “Doy fe”, decía, “que lo que más ha ayudado es el cariño con el que tratan a mis hijos”, comentaba. Seguirán unidos. Ella como lectora atenta de las propuestas de Loizaga. Él, buscando nuevas señales para acompañar a los hijos e hijas adoptados en todas las etapas de la vida.