Cuando se han cumplido 25 años de la firma de los acuerdos de paz en El Salvador entre el gobierno y el FMLN –Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional- todavía hay muchos puntos pendientes por cumplir, incluso el de la paz y la reconciliación. Así lo reconoció Andreu Oliva SJ, rector de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas de El Salvador (UCA), institución que sufrió en 1989 los asesinatos de seis jesuitas, entre ellos los vallisoletanos Segundo Montes e Ignacio Martín Baró, y dos trabajadoras. Oliva impartió una conferencia en Valladolid, en la sede de la Fundación Segundo y Santiago Montes, para responder con todo realismo a la pregunta “¿Hay paz en El Salvador?” Su voz representa el compromiso de la universidad que a través del instituto de Derechos Humanos, fundado por Segundo Montes, acaba de denunciar diez casos de ejecuciones extrajudiciales llevadas a cabo por la Policía Nacional Civil. “60.000 jóvenes salvadoreños pertenecen a las pandillas y 15.000 están presos. Hace año y medio se prohibieron las visitas de los familiares a las cárceles donde se matan y ejecutan panderilleros extrajudicialmente”, denunciaba como reflejo de la difícil situación que atraviesa el país.

Andreu Oliva habló de tres guerras vivas en El Salvador. La guerra que enfrenta a los partidos políticos y que se traduce en oposiciones agresivas y políticas sin diálogo ni respeto. La guerra de las pandillas, de “pobres contra pobres”, conformadas por jóvenes sin oportunidades, muchos de vuelta de Estados Unidos, que extorsionan y se sirven de la violencia extrema para dominar territorios. Y la guerra económica de ricos y pobres, provocada por las grandes diferencias mantenidas por ley: existen nueve salarios mínimos según la profesión y el más bajo se encuentra en el sector agrícola donde además es imposible disponer de un seguro social. “25 años después no se ha logrado la reconciliación y no hay integración social”, se lamentaba.

La conferencia se resumiría con la última participación. En el turno de preguntas una salvadoreña se levantó para agradecer la conferencia y todo lo que la UCA está haciendo por su país. No pudo terminar de la emoción. Gratitud y esperanza por un país libre de guerras fueron las últimas palabras dedicadas a El Salvador.”Puede cambiar”, terminó Oliva.