El reto es la familia. “Si tenemos padres, tenemos hijos”. Así lo cree Perico (Alberto Pérez Pastor SJ) y los restantes miembros del Equipo Homilética. Perico, Sabo, Juancho, Asun y Soco llevan reuniéndose más de 20 años para dar forma a la misa familiar de padres e hijos juntos. Cada domingo es un reto: que el mensaje cale en los padres, abuelos y catequistas para que llegue a los niños y niñas y que lo vivan en casa. Hoy se reunía el equipo, excepto Soco, para inspirar las celebraciones de enero. Un trabajo que se reflejará en la primera revista de Homilética de 2018 del Grupo de Comunicación Loyola. Los dos jesuitas y los tres laicos buscan la palabra precisa, el símbolo perfecto, el diálogo oportuno y la herramienta adecuada para que padres e hijos compartan. “Una catequesis sin padres es como una vela sin cera”, defiende Perico que en los últimos 20 años ha vivido en Tudela de Navarra, tierra de la que se ha despedido este verano para residir en Loyola.

Mensaje común y participación de todos. Esa es la clave: “Me gusta tirar de la lengua a la gente, y no me conformo solo con los niños”, dice Perico. El mensaje va para todos, dice Asun. Y es que en líneas generales, el propósito se cumple cuando se van encontrado mensajes comunes. Una idea global que conecte una eucaristía  y otra del mismo mes. Símbolos que la  reflejen. Hechos reales, actuales o pasados, que representen con ejemplos concretos las enseñanzas de Jesús. Y silencios.  “Me gusta el silencio”, dice Perico, porque es el momento de “unirse a Dios”.

Detrás de cada reunión, en el punto de mira, que ese banquete dominical nadie se sienta atrás y salga en ayunas.