El 3 de abril de 1767 es una fecha imborrable en la historia de Villagarcía de Campos. La expulsión de los jesuitas del entonces noviciado de la Provincia de Castilla de la Compañía de Jesús marcó un antes y un después en este municipio. El cumplimento de la pragmática del rey Carlos III fue rotundo: 90 novicios y 15 padres salieron del colegio a las cinco de la mañana entre dos filas de soldados con bayoneta calada. Comenzaron un peregrinaje hacia el puerto de Santander para embarcar con destino a un lugar de acogida.  La misma escena se repitió ese mismo día y otros próximos en las 146 casas jesuíticas del imperio español afectando a 2641 religiosos en España y otros tantos en los dominios de ultramar. Los jesuitas de la Casa de Ejercicios San Luis que custodian el legado de la Colegiata hacen memoria de su historia 250 años después con la exposición ‘El colegio jesuítico de Villagarcía de Campos 1576-1767 y su proyección exterior’. La pasada semana fue inaugurada con la presencia de los representantes del Ayuntamiento de la localidad y de otros municipios de la ruta Jeromín compartiendo el deseo de que toda la comarca goce de la merecida proyección artística y turística. La exposición permanecerá abierta hasta el mes de octubre.

El tesoro artístico acumulado por la Compañía de Jesús esos años es la expresión de un antes y de un después tras la expulsión. Hacer memoria de este tiempo es posible a través de los testigos mudos que contemplaron la escena: el único edificio que se conserva de entonces, la Colegiata del SXVI, y su retablo de alabastro diseñado por Juan de Herrera. Los retratos de sus fundadores Luis de Quijada y Magdalena de Ulloa;  los escudos de armas, los cuadros flamencos del SXV, la batalla de Clavijos de la Escuela de Rubens o la bella escultura de Ignacio de Loyola tallada por el maestro Gregorio Fernández en torno a 1622, fecha de la canonización del fundador de la Compañía de Jesús. Todo este arte habla de la enorme proyección de esta casa, de los jesuitas que en ella se formaron y de la misión desarrollada por la Compañía de Jesús en España y en las misiones, especialmente en las reducciones de Paraguay o las Islas Filipinas. Un esplendor que iluminó a Villagarcía de Campos y a los municipios de los alrededores y que tras la expulsión también ellos sufrieron las consecuencias: deterioro cultural y socioeconómico.

La muestra recorre en tres espacios esta historia desde lo institucional, lo local y lo más personal de quienes se vieron en la intemperie. El primero es la sala de los fundadores. Aquí además de los retratos y escudos de armas, el coordinador de la exposición, Fermín Trueba, destaca una selección pequeña de obras artísticas conservadas. El segundo es la Colegiata, en cuyo crucero se han instalado ocho paneles explicativos El segundo es la Colegiata, en cuyo crucero se han instalado ocho paneles explicativos sobre la creación, trayectoria y desmantelamiento  del proyecto cultural y religioso propuesto por los Fundadores a  S. Francisco de Borja en 1570, y otro panel más amplio que detalla el itinerario de los jesuitas expulsos entre Villagarcía y el puerto de Santander. Mientras que el pasillo de la nave central se expone la colección de paneles sobre las reducciones del Paraguay. Este era el destino principal de misión de los novicios. Desde aquí partió el novicio que se convirtió en el primer mártir de Paraguay y posteriormente, otros cinco jesuitas mártires más. El tercer espacio, la antesala de la capilla del Noviciado, hace memoria de la labor religiosa de aquellos novicios como san Alfonso Rodríguez y el beato Bernardo de Hoyos que aquí fraguaron su misión.

Web de la exposición.

04S.Ignacio.GreggorioFdz.