Graduación, la fiesta de una despedida desde la gratitud y la esperanza. El colegio San José y Cristo Rey han despedido a sus bachilleres, 63 y 48, respectivamente. Dos fiestas que comenzaron con la eucaristía. Ese momento de acción de gracias que lo recoge todo desde el Evangelio: lo aprendido y recibido durante los años escolares y lo que está por llegar y construir. Gerardo Villar animaba, al hilo de las lecturas, a festejar. A alegrarse del paso por el colegio y de coger fuerzas antes de la prueba de acceso a la universidad (EBAU). (Tiempo de destruir y tiempo de construir; tiempo de llorar y tiempo de reír; tiempo de hacer duelo y tiempo de bailar; tiempo de arrojar piedras y tiempo de recogerlas Ec 3, 1-11).

La mirada al horizonte es una llamada a ser auténticos y ser fieles a los valores del Evangelio, un mensaje reflejado en la carta a los Romanos…Vivid en mutua concordia. No aspiréis a grandezas, antes allanaos con los humildes. No os tengáis por sabios. A nadie devolváis mal por mal, proponeos hacer el bien que todos aprueban. En lo posible, de vuestra parte, tened paz con todos. Rm 9, 12-18). Y también, como no, a aprovechar la formación recibida para construir una vida plena (hombre prudente que construyó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos y se abatieron sobre la casa; pero no se derrumbó, porque estaba cimentada sobre roca. Mt 7, 24-28).

Y a sí, desde la fe dieron paso al Acto Académico de imposición de las becas y las insignias de Antiguos Alumnos de la Compañía de Jesús. Entre fotos, discursos llenos de nostalgia y actuaciones musicales de altura, se fue despidiendo a la generación del 99 del sanjo, como ellos se llaman y a la generación de Cristo Rey. Dos graduaciones que coincidieron en el tiempo porque ambas son el gesto público de agradecimiento y de mirada al futuro con ilusión y esperanza.