¿Vocación? Ahí está un prenovicio buscando respuestas, sin expresarlo abiertamente. Sin dar su nombre para no entrar en la órbita de las influencias. Viviendo en la comunidad de los jesuitas un mes, sin serlo y tratando de pasar inadvertido.  Integrándose en la pastoral SJ, como un miembro más de la gran comunidad de creyentes pero con una expectativa de compromiso. Y en breve hará los Ejercicios Espirituales, para coronar con su oración este año de búsquedas cuando cumple los 38 de edad. Dice que su vocación es tardía. Despuntó cuando su trabajo le situó en la más profunda de las despersonalizaciones. En 2010 ese corazón anestesiado formuló la pregunta del millón: ¿Qué he hecho, que hago y que voy hacer por Dios? Respuestas ninguna y sí muchas señales. Personas, miradas, gestos, reflexiones y vida le indican una dirección, la Compañía de Jesús. Ahora solo queda saber si es la respuesta acertada. En breve conocerá su veredicto y de quienes se han dedicado a su guía y su escucha.

Partir es, ante todo,

salir de uno mismo.

Romper la coraza del egoísmo

que intenta aprisionarnos

en nuestro propio yo.

 

Interpretar las señales recibidas no es tarea fácil. Más bien es como la construcción de un rompecabezas cuyas piezas van pasando por la mente, por el corazón y cómo no, por la oración. En ese runrún, la sentencia de su abuela antes de morir en 2012 fue suficiente para deconstruir lo que aparentemente estaba ajustado: “Puedes hacer más y lo sabes”.

Partir es dejar de dar vueltas

alrededor de uno mismo.

Y a partir de ahí todo ha sido un camino para recomponerse. Recorrió el camino de Santiago con el libro Peregrinar por dentro y por fuera bajo el brazo, sin conocer la Compañía de Jesús. Primera señal, la hondura de un interior que mira a Dios. Una casualidad le colocó en la primera misa SJ de nueve y cuarto. Segunda señal, una homilía cargada de interrogantes, las mismas que le recarcomían por dentro.

Como si ese fuera

el centro del mundo y de la vida.

Partir es no dejarse encerrar

en el círculo de los problemas

del pequeño mundo al que pertenecemos.

Cualquiera que sea su importancia,

la humanidad es más grande.

Y es a ella a quien debemos servir.

La primera decisión en ganar coherencia fue entrar en el seminario claretiano en 2013 y dejar poco después el trabajo que miraba resultados sin recaer en la humanidad.  Un paso que provocó la tercera señal: el abandono del seminario un año después. Tanto le dio este tiempo que le permitió saber que esa no era la dirección acertada.

Partir no es devorar kilómetros,

atravesar los mares

o alcanzar velocidades supersónicas.

Es ante todo

abrirse a los otros,

descubrirnos, ir a su encuentro.

Abrirse a otras ideas,

incluso a las que se oponen a las nuestras

 

La cuarta señal le “abrió el alma”. La que le situó en la dirección que hoy parece la suya.  Fue la experiencia de la JMJ en Cracovia donde las piezas encajaron. Todo y nada. Sentido y vacío. Una vida y muchas direcciones. Ser prenovicio o encerrarse. Se ha lanzado y sigue en búsqueda. ¿Vocación? Es la vida, es su camino.

Es tener el aire de un buen caminante.

Helder Camara