Javier Bailén sonríe como gesto de acogida, de gratitud y por qué no, de felicidad. Termina hoy después de su “mes de comunidades” en Valladolid. Días de prueba de plena compañía. De vida en comunidad. De ser jesuita en el día a día. Sigue sonriendo y explica: “Sólo tengo palabras de agradecimiento por la gente que me ha ayudado a fortalecer mi vocación. Ahora sé que quiero vivir como ellos”. Su residencia estaba en Ruiz Hernández, y también comía y compartía tareas con los jesuitas del Menéndez y del San José. Tres comunidades con sus horarios, sus ritmos, sus vidas y sus diferencias, “pero unidas por algo más fuerte”- reconoce- “todos somos compañeros en la misión”. 45 días de prueba de vida jesuita y de inmersión en esta ciudad de “mucho movimiento” en torno a la Compañía de Jesús han sido más que una experiencia de formación de un novicio. Han sido días de remover por dentro y de comprobar que “ya no valen los llaneros solitarios”.

Llegó el 2 de marzo y tres días después estaba corriendo en la carrera de Entreculturas en Arroyo de la Encomienda. Así comenzó su experiencia, entregándose de pleno en las actividades que teje la comunidad de Valladolid. “Todo me ha ayudado”, decía. Por las mañanas en el colegio San José y por las tardes con el apoyo escolar de Red Incola, en Rondilla y Pajarillos; los lunes en el Centro Loyola, fines de semana con el Grupo Horizonte y encuentros de CVX. Y como colofón, la Pascua Urbana. De cada uno de estos espacios ha encontrado algo nuevo y enriquecedor. “De las cosas más bonitas que he visto ha sido la colaboración de instituciones religiosas en Red Incola, lo que ha demostrado que todos juntos podemos conseguir mucho más”. En este punto reconoce el valor de la humildad con la que cada institución sirve al bien común y la disponibilidad de los voluntarios. “Así la acción pastoral es mucho mayor. Sus tentáculos llegan a más lugares”.

De cada grupo y de cada proyecto se lleva algo. Del San José la entrega grande del profesorado y la experiencia de Chanon 1522, por ser la nueva forma de afrontar la formación religiosa. De CVX, la oportunidad de seguir buscando a Dios en la familia y en compañía de amigos. Y del Centro Loyola, la oportunidad de seguir vinculados a Dios a pesar del momento crítico de azote secular que supone la etapa universitaria. De la Pascua Urbana se lleva unos preparativos intensos con vistas a poner al servicio de la ciudad las celebraciones de la iglesia. “Y todo con la pretensión no de lucirse sino de ser luz”. Así resume el servicio prestado estos días en la iglesia del Corazón de Jesús y así resume estos días en Valladolid: iluminadores. Con 36 años de edad se reconoce agradecido y con gran amor a la Compañía de Jesús: “Soy más feliz que nunca”.