Días de locos. Llamadas, emails y avisos… Sergio Gadea prepara su ordenación. Una celebración que organiza con mucha ilusión y con la tensión natural de tener los detalles a punto. En estos 12 años en la Compañía de Jesús ha compartido como invitado el compromiso de sus compañeros y en esta ocasión, le toca a él recibir la “señal”. Celebrar el gesto que le impulsa a “anunciar la alegría”. “Todo esto me apaga las dudas”, reconoce después de que alguna vez sí le hayan mordido por apostar toda la vida a un número. Hoy se siente con la certeza de que vive su sueño cuando era estudiante de Derecho y miembro del Centro Loyola de Valladolid. Entonces, dice que  Dios le “reconfiguró como persona” y la vocación le encontró a él. Ver otros jesuitas, hablar y compartir con ellos, y confiar en la “promesa del servicio a la gente desde Dios” le han mantenido hasta dar este paso: “Sólo espero que todo sea en servicio de las personas, de los pobres y de la humanidad; y estar a la altura”.

Si entre sus opciones cabía la posibilidad de un sacerdocio diocesano, verse reflejado en la misión de vida y de fe de los jesuitas, “donde te encuentras y encajas”, le decantó hacia su incorporación en 2005. La ceremonia del próximo sábado 4, a las 18h., en la parroquia de San Francisco de Borja, en Serrano, refleja la realidad de la Compañía de Jesús de la que él forma parte: su universalidad. Seis nacionalidades para seis nuevos diáconos: Brendan Patrick Busse, de California; Salvo Collura, de la provincia de Italia; Ricardo Duarte de Rep. Dominicana; Miguel Pedro Melo, de Portugal y José Refugio Ochoa, de México. Para Sergio una curiosidad cada vez más frecuente que corrobora que a pesar de la lengua, la nacionalidad y el origen de cada jesuita, la sintonía de su deseo, la vocación y el sueño está por encima y engrandece ese cuerpo al que pertenecen todos. “Siempre digo que hay que soñar y no quedarse en decisiones inmediatas y prácticas”.