Migración, una realidad abordada desde los testimonios: vida compartida con migrantes y  con refugiados y la propia experiencia de emigrante, de quienes abandonaron España y de que quienes fueron acogidos en España. De la huida a la hospitalidad. Con sus heridas y sus milagros.  Los testimonios han dado sentido a la Semana Social, organizada por el Instituto Fe y Desarrollo y Red Incola, porque son realidades aterrizadas.

La primera, la del joven jesuita Ángel Benítez-Donoso. Su testimonio es fruto del trabajo en una escuela de refugiados sirios en el Líbano. Un pequeño centro que procura dar respuesta entre ese medio millón de niños y niñas que acoge el país y que no escolariza. Explicó que llevan marcadas tres heridas: la guerra, la huida y la espera. Y sus silencios, su agresividad, sus soledades y su pasividad muestran cómo la guerra les ha arrancado su infancia. La labor de los educadores es obrar el milagro de su sanación a través de la educación. Sanar el pasado con paciencia y cariño; sanar el presente, acogiendo sus historias y procurando nuevas relaciones desde la reconciliación. Y sanar el futuro, educando para la paz; que ellos no caigan en los mismos errores. Ángel puso rostros y nombres a los cientos de “pequeños milagros” que se obran en este centro. “No son números más, son personas que sacan fuerzas para seguir la vida”, decía, “y hay vida en abundancia. La muerte no tiene la última palabra”.

El segundo testimonio lo ofrecieron el director del Secretariado de la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española, José Luis Pinilla, y el abogado de Pueblos Unidos y gran conocedor de la realidad de los CIE (Centros de Internamiento para Extranjeros),  Santiago Yerga. El primero enseñó su mirada en clave de fe a la realidad de los menores migrantes. La vulnerabilidad de los más vulnerables: los menores no acompañados. Por su parte, Santiago Yerga informó de todas las trabas y las incoherencias jurídicas con las que se encuentran los menores no acompañados en España. Ofreció datos concretos -3.759 menores- contradiciendo las cifras oficiales que están en torno a 40. Profundizó en los problemas a los que se enfrentan: desamparo, las inexactitudes en la determinación de la edad, que se rige por criterios anticuados, y la desprotección clamorosa.

Por último, los testimonios de quienes viven el desgarro de la migración. Argentina emigró de Valladolid a Alemania en los años 70. Hablaba del dolor de dejar a su hijo con su abuela para trabajar y ahorrar. Y de los sentimientos a su regreso. “En los salones de la parroquia de la Pilarica aprendí a saber quién soy y cómo me querían por lo que era y no por lo que tenía”. Intervino una mujer de la República Dominicana, de nombre Argentina, que habló de la acogida en Valladolid. Y recordó cómo encontró “ángeles” que la acogieron, le ayudaron a acompañar a su hermana en la enfermedad y a sacar adelante a sus dos hijos y a los dos hijos de su hermana fallecida. “Lo que más me gusta de este país es la educación, la sanidad y la seguridad”, decía. “Estoy muy agradecida”. Leticia y Maria Luisa hablaron de su experiencia de acogida y hospitalidad, el reto al que se enfrentan desde su propia comunidad y desde Red Incola.