Un grupo del Centro de Loyola ha hecho el Camino de Santiago hace una semana. Temporal, paisaje, oración…ellos explican a su regreso con qué se quedan de estos días de intemperie, de esfuerzo y de equipo. Como punto común, el sentirse peregrino después de recorrer el camino.

 

La experiencia del camino la definiría con tres palabras: agradecimiento, reflexión y sacrificio. Primero, agradecimiento a todas las personas que me acompañaron; que estuvieron a mi lado en los momentos más duros y me animaron a seguir caminando para llegar a Santiago. Pero también agradecimiento por todos los buenos momentos que pasamos juntos, porque no todo es esfuerzo y dolor, también hay tiempo para disfrutar del camino y la compañía.

Segundo, reflexión. Durante el camino pude reflexionar, a veces solo y otras veces acompañado, sobre diferentes aspectos de mi vida: mi relación con Dios, que cosas puedo mejorar en mi vida… Y tercero, sacrificio. El camino conlleva un gran esfuerzo y sacrificio para ser completado, y más con las inclemencias del tiempo. Pero sin duda, todo el esfuerzo merece la pena por llegar a Santiago.

Para mí el Camino creo que ha supuesto un punto de inflexión en mi vida y en mi relación con Dios. Como se suele decir: “El peregrinaje no empieza cuando empiezas el camino, si no cuando lo acabas”… Cuando vuelves de Santiago, ahí es donde de verdad nos convertimos en peregrinos.

Julio Díez

 

Mochila ligera: ropa justa, saco, protección contra la lluvia y poca cosa más, con eso uno ya cree que es un buen peregrino, que está bien, pero no lo es todo, ahora faltaba echarse a andar e iniciar el viaje.

La verdad es que no conocía la experiencia y, ciertamente, yo tenía en mente la simple idea de caminar (¿Llegaré bien, lo lograré?), caminar hasta hallar un albergue, y vuelta a empezar. Tan centrado en el “yo” te das cuenta de que la experiencia de compartir, de abrirse hacia los otros peregrinos hace la andadura mucho más liviana y la conversación se torna, en muchos casos, en escuela y aprendizaje. Es algo de esa “magia” que tiene el camino, que en 5 días puedes conectar con el otro de una manera honda.

Ciertamente hay tramos del camino que se hacen muy duros y ahí eres consciente de que el propio cuerpo, con sus heridas, su fragilidad e imperfección, tiene gran resiliencia si le pones voluntad. Las flechas amarillas también están cargadas de significado: te recuerdan que no valen los atajos, que tienes que esperar a los otros si casi no se ven para seguir caminando juntos…

Con este Camino noto que soy más consciente de lo que hago y de porqué estoy comprometido con ello. Valoro más el equipaje que llevo de amistades, historias, recuerdos, nombres y personas. Aunque el verdadero camino empieza ahora y “quien llega a Santiago andando, volverá andando”. Sin querer, he gastado otro pedacito de mis fuerzas y tiempo en algo que merece la pena.

 

Mario Domínguez