La presentación del libro de Sal Terrae El corazón del árbol solitario ha unido a su protagonista Kike Figaredo, a su autor, José María Rodríguez Olaizola, y a Toño Allende, editor del Grupo de Comunicación Loyola cuando Olaizola escribió el primer borrador. Esta semana recorren junto Oviedo, Valladolid y hoy Madrid, para presentar que habla de la historia del gijonés desde que llegó a Camboya hace 30 años y la de aquellas personas con la que ha tejido una misión donde cabe la esperanza, la superación, el perdón y el amor en un país que supera las consecuencias de la guerra, de las minas antipersona, de la polio y de la pobreza. Primero en el Auditorio Príncipe Felipe, ayer en la Sala Borja y hoy en el colegio Nuestra Señora del Recuerdo (19.30h), los dos  hablan del sentido del árbol solitario, que hunde fuertemente sus raíces entre arrozales camboyanos solo y se alza al cielo para convertirse en refugio. Un relato que interpela. No hay más que ver el lleno absoluto de la Sala Borja y del Auditorio de Oviedo el primer día.

Toño Allende da paso a cada uno. Ofrece pinceladas de sus biografías y de sus rasgos característicos, sus conexiones y sus diferencias. Introduce, pregunta y escucha. Definió al autor como hombre que se sirve de la palabra para transmitir y a Kike Figaredo como hombre de gestos, fotografías y símbolos que acercan. José María Rodríguez Olaizola ofreció las tres claves a través de los cuales este libro “ilumina”: habla de héroes reales, frágiles y con pies de barro, pero que son capaces de hacer cosas grandes; de que la vida perfecta no existe ni en Camboya ni en España y hay que lidiar con los problemas; y de que en un mundo en el que hay muchas trincheras, hay que salir a buscar a la gente que necesita ayuda. “Muchas de estas historias de superación y de plantar cara a la adversidad nos enseñan que mutilaciones vitales hay muchas”, dijo.

Kike Figaredo siguió la presentación con fotografías de aquellas personas que viven en prefectura apostólica de Battambang y que a pesar de sus discapacidades viven una vida transformada y que transforma. “Este libro refleja lo que queremos, una historia de 30 años de mucha gente que se enfrenta a la vida –jesuitas, laicos, no católicos, personas en situación límite pero que se enfrenta a su vida– y hay una línea por debajo de cercanía”. Y esta gran red es la que hace posible que entre todos se pueda dar respuesta a las necesidades básicas, se salga al encuentro de la gente más necesitadas y se creen ámbitos donde se sientan comunidad, grupo, queridos.

En los actos de los dos días muchos voluntarios de las ONG que también apoyan la labor de Kike: Entreculturas y de Sauce, entregando información y vendiendo artículos camboyanos –Kromás y cruces-. Los beneficios del Grupo de Comunicación Loyola y los derechos de autor irán destinados íntegramente a este lugar del mundo donde se sale al encuentro del excluido.